lunes, 5 de octubre de 2026

A Salvador Díaz Mirón (Josefa Murillo)

Alta su frente do el saber fulgura;
En su mirar el genio centellea ;
Y su palabra sonorosa y pura,
Vierte en cadencias la gentil idea.

Más que la del león es su bravura :
No desdeña el peligro, lo desea
;
Y es por su voz, sus hechos y apostura,
Bardo que canta y hombre que pelea !

De espartana honradez y nobles fines, 
No revoló cual mariposa inquieta,
En torno de la pompa y los festines 

Numen de fuego y corazón de atleta,
Jamás en el concierto de los ruines
Se escuchará su lira de poeta!

Josefa Murillo

Flor de ayer de Josefa Murillo

¿Cómo negarla, si me fué pedida
con dulce acento y ademán huraño,
cual si temiera ocasionarme daño
la fervorosa súplica rendida?

¿Cómo negarla? Vacilé aturdida,
y ante aquel modo de pedir extraño,
pensé que bien pudiera un desengaño,
por una flor, acibarar su vida

Y la entregué ; pero mirando al piso,
con un temor tan grande y verdadero,
que ni hablar me dejó ; y, de improviso,

dióla un beso mi joven caballero,
que para el álbum de sus triunfos quiso
mi flor primera y mi rubor primero.

Josefa Murillo

sábado, 3 de octubre de 2026

Amor post mortem (Quevedo)

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra, que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora, a su afán ansioso linsojera;

mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa;

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido.
Polvo serán, mas polvo enamorado.

A Dios me debo (Quevedo)

Si a Dios me debo todo, porque he sido  
a semejanza suya fabricado, 
redimido por el primer pecado,
¿qué lo podré añadir agradecido?

No fui tan fácilmente redimido
como hecho; que en esto, bien mirado,
a mí me dio a mí propio; y, humanado,
a sí, y a mí, me dio de amor vencido.

Pues si añadió el morir por darme vida,
en este alcance agotaré el guarismo;
mas fueme su piedad tan socorrida,

que porque satisfaga a tanto abismo
de beneficios, se me dio en comida:
y así, por mí, fue paga de sí mismo.

Francisco de Quevedo

Suelta mi mano (Quevedo)

Suelta mi Manso, pastorcillo extraño,
pues otro tienes tú de igual decoro;
vuelve la prenda que en el alma adoro,
perdida por tu bien y por mi daño.

Ponle su esquila y su grosero paño,
no me le engañen tus collares de oro;
toma en albricias este blanco toro,
que a las primeras hierbas hará un año.

Si pides señas, tiene el vellocino
negro encrespado, y los ojuelos tiene
como durmiendo en regalado sueño.

Sin duda que yo soy su dueño indino,
suelta y vérsale que a mi choza viene,
que aun tienen sal las manos de su dueño.

Francisco de Quevedo

lunes, 28 de septiembre de 2026

Soñé... (Quevedo)

Soñé que el brazo de rigor armado,
Filis, alzaba contra el alma mía,
diciendo: «Este será el postrero día
que ponga fin a tu vivir cansado». 

Y que luego, con golpe acelerado,
me dabas muerte en sombra de alegría,
y yo, triste, al infierno me partía,
viéndome ya del cielo desterrado.

Partí sin ver el rostro amado y bello;
mas despertose de este sueño un llanto,  
ronca la voz, y crespo mi cabello.

Y lo que más en esto me dio espanto
es ver que fuese sueño algo de aquello
que me pudiera dar tormento tanto.

Francisco de Quevedo

domingo, 27 de septiembre de 2026

A Dafne

A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!

Garcilaso de la Vega

El niño Amor (Quevedo)

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado;

es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado;

es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Francisco de Quevedo

jueves, 24 de septiembre de 2026

Ir y quedarse (Lope de Vega)

Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada, sobre fe, paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma y en la vida infierno. 

Lope de Vega 

"ENEMIGA" NATURALEZA

¿Por qué difícilmente nos perdona?
Se le hiere, y después lo manifiesta
quitando todo lo que al hombre presta
o da en cualquier momento en cierta zona…

Así que en su equilibrio se abandona
a fin de que se tome larga siesta
y altere sus eventos en respuesta
a quien primero actúa y no razona...

En poco tiempo toma esta postura:
que el agua inunde al máximo la altura,
y vientos pasen la pared, muralla,

o el terremoto rompa acero y piedra…
En fin, con pérdidas la vida arredra
e inicia contra el hombre su batalla.

Osfelip Bazant

Esto es amor (Lope de Vega)

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar, fuera del bien, centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Lope de Vega 

Jesús mío (Lope de Vega)

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

Lope de Vega 

martes, 22 de septiembre de 2026

De rosa y de azucena (Garcilaso de la Vega)

En tanto que de rosa y de azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

Gracilaso de la Vega

MIEDOS SOBRE COVID-19

“¿Por qué estás, Mundo, en esta situación?”
Hoy desde mi ventana te pregunto,
con más mentes en mi mente, en conjunto,
viendo calles sin almas en acción…

Y no encuentro ninguna información
—de radio o tele, la internet adjunto—
que me consuele sobre dicho asunto,
sin mancha o sombra, sino precisión…

“¿Es cierto, Mundo, que hoy estás difunto
por un novato ser sin compasión?”
Y oigo, al instante, pues, de contrapunto:

“¡NO el VIRUS, pero, su provocación
de todo lo que pasa al mismo punto,
y NO el MIEDO, aunque sí la incomprensión!”

Osfelip Bazant


Quejas y lamentos (Garcilaso de la Vega)

Si quejas y lamentos pueden tanto,
que enfrenaron el curso de los ríos,
y en los diversos montes y sombríos
los árboles movieron con su canto;

si convirtieron a escuchar su llanto
los fieros tigres, y peñascos fríos;
si, en fin, con menos casos que los míos
bajaron a los reinos del espanto,

¿por qué no ablandará mi trabajosa
vida, en miseria y lágrimas pasada,
un corazón conmigo endurecido?

Con más piedad debería ser escuchada
la voz del que se llora por perdido
que la del que perdió y llora otra cosa.

Garcilaso de la Vega