Vayamos a la cima de los montes, sin caso de las trabas de la gente llena de envidia en su alma indiferente, a juzgar, sin prejuicios, horizontes…
Qué importa lo que digan en su mente,
qué importan sus lenguajes de bisontes,
qué importan todos ellos y sus zontes;
vayamos y dancemos felizmente.
Vayamos por un rato sin temores
de que dirán premisas y rumores
a grandes gritos a los cuatro vientos.
Vayamos sin rubor a nuestra cita,
la cara en alto y los zapatos lentos,
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