Corría en madrugada a gusto un sueño que tiene voluntad quizá de amarte, a plena sombra y luz, con todo el arte que pongo en mi destino que diseño…
Corría a toda fuerza con empeño,en cada esquina o, bien, en cada parte,
a fin de perseguirte, y de alcanzarte,
con esta llama de ardoroso leño…
Pero en mis manos —¡infeliz de mí!—
un corazón yacía tan deshecho,
que daba pena en vez de frenesí…
Se iba, como humo, lejos para el techo.
Sin razón, sin palabra, estuve así:
muy pálido y sombrío e insatisfecho. Osfelip Bazant
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