El alma que el dolor guarda en su pecho
ni siquiera en silencio penas llora;
que está en su mente el mal, hora tras hora,
siguiéndola en sus pasos y en su lecho…
ve una sombra que fue otro ser, otrora,
pero que en sus lamentos vive ahora…
Sus manos traen un corazón deshecho...
Del cementerio sopla el viento fuerte,
y una voz dice: “Ahí viene la muerte”,
zumbando en su cabeza tal encomio…
Se araña el cuerpo, sangra, ríe, advierte.
Y, entre su llanto, yendo al manicomio,
grita que ahí la espera algún demonio…
Osfelip Bazant
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