Se ha contado a lo largo de la historia que en los días de sombra y de quebranto, descendió un ser al mundo con encanto, a fin de hablarnos siempre en la memoria…
Sobre el camino pies sin trayectoria,
pero con un regalo, en adelanto,
llegaron, poco a poco, hasta su manto,
guiados por una estrella transitoria…
Y desde entonces una voz notoria
dice a mi alma, que grita en desencanto,
que hay vida eterna y muerte ilusoria…
Y, en mis noches, sin desvelarme tanto,
pido que mi alma aguarde en su victoria,
que ahuyente mi mal, calme mi llanto...
Osfelip Bazant
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